La propiedad del pescado que la Universidad de Oxford planea aprovechar es la del Omega 3, proteína polifacética que aporta muchísimo a nuestro organismo, entre otras cosas por sus ácidos grasos que mejoran las funciones de células nerviosas del cerebro asociadas a los signos y reglas sociales convencionales.
A través del Omega 3 se espera que los voluntarios que participan de este estudio adopten mejores comportamientos acordes a los convencionalmente aceptados, pretensión tal vez un tanto ambiciosa pero en la que se depositan bastantes esperanzas.
Posee grasas buenas. Produce un aumento en la cantidad de ácidos grasos monoinsaturados y polinsaturados (Omega 3), por lo que muchos profesionales aseguran que previene las enfermedades cardiovasculares.
Aporta lisina, proteína ideal para los niños en crecimiento.
Aumenta el colesterol bueno y disminuye el malo.
Aporta Vitamina A, esencial para la visión y mantener piel y tejidos superficiales; Vitamina D, fundamental para la absorción de calcio y fósforo; y Vitamina B12, para el mejor funcionamiento del metabolismo.
Mineraliza, ya que posee calcio para huesos y dientes; magnesio para el funcionamiento de los músculos; y fósforo, para el cerebro.
En la mujer embarazada aumenta la capacidad congénita del bebé.
Es anticancerígeno, ya que el Omega 3 reduce el crecimiento de estas células malas.
Es digestivo, porque posee bajo contenido en colágeno y sus proteínas son poco fibrosas.
Hay mucha variedad de tipos de pescados para cada paladar. El blanco, por ejemplo, tiene pocas calorías.
Con esta carne se pueden hacer cientos de recetas; y porque se pueden conseguir frescos, congelados y hasta en conservas.
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